Correr Definitivamente no es de Cobardes

Correr Definitivamente no es de Cobardes

19 noviembre 2008

Kilómetro 4

Se ve que, a pesar de la lentitud de la salida, he debido colocarme relativamente delante, porque a estas alturas de carrera es increíble la cantidad de gente que me ha adelantado cuando yo no he pasado prácticamente a nadie.

Empiezan a producirse los primeros percances. Veo a un chico con una ostensible cojera y con cara de sufrimiento. Me pongo a su altura y le pregunto:

- ¿Qué te pasa?
- Que llevo el gemelo agarrotado
- ¿Ya?
- Sí, es que estas zapatillas me están matando.


¡Cielo Santo! Me fijo en su calzado y veo que está corriendo con zapatillas de fútbol sala, totalmente rígidas.

- Pero, ¿cómo puedes correr con eso?
- No sé, lo que he pillado. Es que además son de mi hermano, que calza dos números menos, y me aprietan por todas partes.
- ¿Pero tú con qué zapatillas entrenas habitualmente?
- No, si yo no entreno; pero vi un anuncio de la maratón en el periódico y me animé a inscribirme.
No sé ni qué decirle. La gente está fatal de la cabeza, algunos no piensan ni donde se meten.
- Tú sigue-me dice-, que yo voy a parar a ver si me recupero un poco.
- …vale.


Qué bruto. Supongo que dentro de media hora estará en cualquier bar, tomando una cerveza. No podrá aguantar mucho más, es imposible que llegue a la meta.

KILÓMETRO 4

Yo sigo a lo mío. El terreno pica ligeramente hacia arriba, pero no es duro. Me encuentro en una recta larguísima y no muy lejos veo que hay corredores que han entrado ya en zona de sol, así que ya me puedo ir preparando para la que se me viene encima.

Aunque ya puedo correr con más comodidad que al principio, todavía vamos muchos corredores en grupo. Por suerte, la avenida es ancha y no nos estorbamos demasiado. Alguna patada y algún pisotón sí que me he llevado, pero no hay que darle demasiada importancia. Me molesta más que la gente no se disculpe que el puro golpe, pero qué le voy a hacer, probablemente no me encuentro en el lugar ni en el momento apropiado para exigir educación y cortesía a los demás.

REFLEXIÓN 5

No sé por qué me vuelvo tan irritable cuando corro, seguramente será porque bastante fastidiado voy con mi esfuerzo y mi cansancio como para que venga un listo a tocarme las narices. ¿Será eso? Con lo tranquilo que soy en la vida diaria, y cuando me pongo a correr hay que ver el genio que saco.

En mitad de un maratón la cosa no es tan sangrante. Si me pisan, me molesta pero me fastidio; al fin y al cabo, el que me ha pisado va tan jodido como yo. Pero no puedo soportar cuando entreno que un coche no respete el paso de peatones por el que tengo que pasar y me obligue a mí a frenar. Les doy cada bocinazo en forma de grito que espero que la próxima vez que vean a un corredor se lo piensen dos veces antes de pasar.

El respeto que los coches tienen por el corredor es similar al que tienen por el ciclista: nulo. Nuestros primos los ciclistas lo tienen más difícil, porque circulan por el asfalto y en la misma dirección que los coches, es decir, que los coches se les acercan por detrás, a traición, sin que puedan verlos. Los corredores tenemos la ventaja de que corremos por el arcén contrario y vemos a los coches venir de frente; por eso los ciclistas tienen muchos más percances y, generalmente, más graves.

En nuestro caso, los mayores sustos se producen cuando no viene nadie de frente y de repente un coche nos pasa desde atrás afeitando. El corazón nos da un brinco.
Está clarísimo que si se puede hay que evitar el asfalto y entrenar por caminos, parques, senderos rurales (…) un golpecito de un coche a 80 Km/h nos garantiza varias semanas de inactividad … en el mejor de los casos.

2 comentarios:

mario campoamor dijo...

Tienes toda la razón rosa, cuando corres en carrera populares todo te crispa el doble y no te quiero contar cuando los coches no respetan las señales, yo normalmente les pongo tal cara que acaban pidiendo disculpas

Rosa dijo...

Si, porque generalmente topas con "energúmenos" y muchas veces aceleras por si te quieren dar ...